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Espondilitis Anquilosante

espondilitis anquilosante

DEFINICIÓN:

La columna vertebral constituye el eje óseo del tronco y sostiene el cráneo. Está formada, de arriba a abajo, por las vértebras cervicales (cuello), vértebras dorsales (con las que se articulan las costillas para formar la caja torácica), vértebras lumbares, el sacro y el cóccix. El sacro, a su vez, se une al resto de la pelvis por medio de las articulaciones sacro ilíacas.

La espondilitis anquilosante (EA) es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral, las cuales tienden a soldarse entre sí, provocando una limitación de la movilidad (de ahí el término anquilosante, que proviene del griego ankylos y significa soldadura, fusión). Como resultado final, se produce una pérdida de flexibilidad de la columna, quedándose rígida y fusionada. Esto conlleva a disminución de la movilidad del tronco y de la caja torácica.

Es una enfermedad frecuente, sobre todo en la raza blanca (0.5-1% de la población). Habitualmente aparece en varones entre los 20 y 30 años de edad. En mujeres es menos frecuente y suele ser más leve. La EA se presenta como enfermedad aislada la mayoría de las veces, aunque, en algunos casos puede asociarse a una enfermedad de la piel llamada psoriasis o a enfermedades inflamatorias del intestino.

No se conoce la causa por la que se produce esta enfermedad. Sin embargo, se conoce desde hace tiempo que la EA afecta con mayor frecuencia a las personas que presentan en sus células una señal específica. Esta señal se transmite por herencia genética y se denomina “antígeno HLA B27”.

SÍNTOMAS:

Por lo general, el síntoma inicial y característico de la EA suele ser un dolor lumbar o lumbago, que se produce por la inflamación de las articulaciones sacro ilíacas y vertebrales. Este dolor es de tipo inflamatorio, y se manifiesta de forma insidiosa, lenta y paulatina, no pudiendo precisarse con exactitud el instante en el que comenzó el síntoma. El lumbago aparece cuando el paciente se encuentra en reposo, mejorando con la actividad física. De esta forma el dolor suele ser máximo en las últimas horas de la noche y en las primeras de la madrugada, cuando el paciente lleva un largo rato en la cama. Esto obliga a la persona a levantarse y caminar para notar un alivio e incluso la desaparición del dolor.

Otros síntomas incluyen:

  • Dolor y rigidez en la columna dorsal y el cuello.
  • Rigidez y pérdida de flexibilidad de la columna.
  • Dolor en la unión de las costillas al esternón.
  • Limitación para la expansión normal del pecho (al hinchar los pulmones) y dificultad para respirar.
  • Inflamación y dolor en caderas, hombros, rodillas o tobillos, o en las zonas del esqueleto donde se fijan los ligamentos y los tendones a los huesos (dolor en el talón, en el tendón de Aquiles).

La EA puede afectar a otros órganos del cuerpo. En algunas personas puede causar fiebre, pérdida de apetito, fatiga e incluso inflamación en órganos como pulmones y corazón, aunque esto último ocurre muy raramente. Puede haber una disminución de la función de los pulmones al disminuir la elasticidad del tórax lo cual, combinado con el tabaco, puede deteriorar la capacidad para respirar. También, es relativamente frecuente la inflamación de algunas de las partes del ojo (uveítis), que ocurren en una cuarta parte de las personas con EA y se manifiesta como dolor y enrojecimiento ocular (“ojo rojo”).

TRATAMIENTO:

  • Actualmente no existe ningún tratamiento capaz de curar definitivamente la enfermedad.
  • Los medicamentos antiinflamatorios (AINEs) consiguen disminuir e incluso suprimir la inflamación articular, aliviando de esta forma el dolor y permitiendo un adecuado reposo nocturno.
  • Los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAMEs) son medicamentos potentes dirigidos específicamente a los componentes de la respuesta inmunológica que están interviniendo en la enfermedad.
  • Sólo, de forma ocasional, puede ser necesaria la intervención quirúrgica sobre articulaciones muy dañadas que tengan una movilidad muy escasa (fundamentalmente la cadera).

INTERVENCIONES NO FARMACOLÓGICAS:

  • El pilar más importante en el tratamiento de la espondilitis es la rehabilitación permanente, es decir la realización de ejercicios físicos y ejercicios respiratorios orientados a fortalecer la espalda, para evitar la rigidez y la pérdida de movilidad de la columna vertebral.
  • La práctica deportiva orientada que permita la extensión de la espalda, y que mantenga la movilidad de los hombros y caderas, ej. natación.
  • Se debe abandonar el hábito de fumar o evitar adquirir el hábito
  • Mantener una postura correcta durante el trabajo y el descanso nocturno
  • El colchón debe ser duro. Emplear una almohada delgada o una que solamente apoye el hueco del cuello